El Docente es
una Atalaya
P. Javier
Dorante Leal
Cuando
se habla del docente se estructura una serie de exigencias externas que
componen el ser social del mismo, en medio de una realidad que varía pero que
sus funciones permanecen intactas, como el marco de una noble pintura. Se desea
una formación integral, perfecta y pujante, de ciudadanos nobles pero con
pobreza, visual pero sin inversión y permanente pero sin proyecto de futuro; todo eso, hace que el docente
sea exigido más allá de sus límites
prácticos y se olvidan aspectos esenciales de todo ser humano: él y ella son
ante todo, pertenecientes a este grupo. Por ello, se ve laudablemente que todos los ciudadanos deben asumir desde
ética individual y colectiva su rol protagónico en la construcción de nuestro
país donde esté plenamente garantizado el fortalecimiento de la educación
ciudadana (Marcano, 2011).
El
docente es sujeto, persona… que despierta el interés por aprender, cómo hacerlo
y mantener el deseo de lo que se aprende; semejante tarea, hacen de nuestro
personaje un ser calificable en todos los estratos del conocimiento humano,
puesto que no se trata sólo de adquirir ciencia sino de valorar e involucrarse
en todos los campos y darle sentido a muchos de ellos, desde una visión holística
y al mismo tiempo contemporánea, ya que vivimos en una sociedad cambiante y cambiadora en momentos imposibles de cronometrar
en programas o calendarios; esta sociedad tecnológica va en auge y está
presente en todas las situaciones, y las que no estén en ella, simplemente no
existen funcionalmente. En otras palabras, la
formación permanente deberá garantizar el fortalecimiento de una sociedad
crítica, reflexiva y participativa en el desarrollo y transformación social que
exige el país (LOE, 38). Este cambio
exige que todos vivan al margen del conformismo y de la quietud, sean capaces
de automotivarse, abran su vida a la creatividad y sobre todo acepten y se adapten
a los cambios que van –siempre- a propiciar nuevas experiencias en el contexto
del crecimiento. El que no cae jamás aprenderá a caminar.
Ahora
bien, el docente actual no se estereotipa ni cumple funciones para ser
competente. Un sujeto tan importante en la educación actual, no puede limitarse
a cumplir, tiene que actuar en
comunión con requerimientos, pero adaptándolos y haciéndolos pasar por su
propia experiencia, una que debe estar cargada de credibilidad, práctica
cultural, animación, garantía permanente de la ley, organización,
intelectualidad… sin convicción de libertad no habrá educación liberadora, sin
principios éticos no hay autonomía ni mucho menos formación.
El
maestro en siglos precedentes era
todo, pero ahora es casi nada. De un extremo a otro. El docente es como una
atalaya, un puesto de guerra contra la desidia y la pereza mental/experiencial,
siempre a la expectativa para inyectar creatividad, no duerme en su finalidad
prospectiva de ver más allá de las montañas,
cuando el enemigo de lo cuadrado
venga a cumplir su cometido: 1+1=2 o la
familia es la célula de la sociedad, debe responder. Como atalaya, el
docente vive de una vigilancia
continua que no busca saber hacer
sino saber ser, a través de la
construcción de sentidos que involucren la interdependencia de todos los
miembros de esa batalla que llamamos
aprender.
Existe
un compromiso claro en la educación, que se ha madurado en la historia de la
humanidad. Unos han condenado la visión intelectual, otros la pragmática o
simplemente la afectiva, pero el compromiso contemporáneo no puede reducir al
ser humano, por el contrario debe hacerlo capaz de responder a las situaciones
presentes con conocimiento, transformación, comunicación y personalidad. Si
todo cambia, yo cambio; si yo no cambio, todo sigue cambiando. Así, el docente
es una atalaya puesta para responder primero él/ella ante ese proceso y
permitir que los que están relacionados a su ser-para-otros puedan vivir y no cumplir, buscar y no encontrar: dignidad.
Con las relaciones necesarias, el intercambio
interactivo permanente, viviendo con individualidades
sociales y haciendo de la educación una realidad significativa, útil e insertándola
en el entorno de cada participante, puesto que el cambio social se da a través
de los contextos educativos, el docente podrá ofrecer una autentica experiencia
que genere actualidad…
Las naciones marchan hacia el término de su grandeza, con el mismo paso
con que camina la educación. Ellas vuelan, si ésta vuela, retrogradan, si retrograda,
se precipitan y hunden en la oscuridad si se corrompe o absolutamente se
abandona” (Bolívar, 1825).
¡Vive
y deja vivir! No; mejor, ¡Vive y transmite vida!
* Consulta (fuera
de la entregada para la asignación):
-
Arizmendi, Octavio. Así Pensaba Bolívar
(2000). Planeta, Bogotá.
- Consejo Moral Repúblicano. Valores Ciudadanos (2011). G.E. Published, Caracas.
- Enciclopedia Católica Mercabá en CD-ROM, 2009.

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