lunes, 13 de abril de 2015

El Docente es una Atalaya

El Docente es una Atalaya
P. Javier Dorante Leal

                Cuando se habla del docente se estructura una serie de exigencias externas que componen el ser social del mismo, en medio de una realidad que varía pero que sus funciones permanecen intactas, como el marco de una noble pintura. Se desea una formación integral, perfecta y pujante, de ciudadanos nobles pero con pobreza, visual pero sin inversión y permanente pero sin proyecto de futuro; todo eso, hace que el docente sea exigido más allá de  sus límites prácticos y se olvidan aspectos esenciales de todo ser humano: él y ella son ante todo, pertenecientes a este grupo. Por ello, se ve laudablemente que todos los ciudadanos deben asumir desde ética individual y colectiva su rol protagónico en la construcción de nuestro país donde esté plenamente garantizado el fortalecimiento de la educación ciudadana (Marcano, 2011).
                El docente es sujeto, persona… que despierta el interés por aprender, cómo hacerlo y mantener el deseo de lo que se aprende; semejante tarea, hacen de nuestro personaje un ser calificable en todos los estratos del conocimiento humano, puesto que no se trata sólo de adquirir ciencia sino de valorar e involucrarse en todos los campos y darle sentido a muchos de ellos, desde una visión holística y al mismo tiempo contemporánea, ya que vivimos en una sociedad cambiante y cambiadora en momentos imposibles de cronometrar en programas o calendarios; esta sociedad tecnológica va en auge y está presente en todas las situaciones, y las que no estén en ella, simplemente no existen funcionalmente. En otras palabras, la formación permanente deberá garantizar el fortalecimiento de una sociedad crítica, reflexiva y participativa en el desarrollo y transformación social que exige el país (LOE, 38). Este cambio exige que todos vivan al margen del conformismo y de la quietud, sean capaces de automotivarse, abran su vida a la creatividad y sobre todo acepten y se adapten a los cambios que van –siempre- a propiciar nuevas experiencias en el contexto del crecimiento. El que no cae jamás aprenderá a caminar.
                Ahora bien, el docente actual no se estereotipa ni cumple funciones para ser competente. Un sujeto tan importante en la educación actual, no puede limitarse a cumplir, tiene que actuar en comunión con requerimientos, pero adaptándolos y haciéndolos pasar por su propia experiencia, una que debe estar cargada de credibilidad, práctica cultural, animación, garantía permanente de la ley, organización, intelectualidad… sin convicción de libertad no habrá educación liberadora, sin principios éticos no hay autonomía ni mucho menos formación.
                El maestro en siglos precedentes era todo, pero ahora es casi nada. De un extremo a otro. El docente es como una atalaya, un puesto de guerra contra la desidia y la pereza mental/experiencial, siempre a la expectativa para inyectar creatividad, no duerme en su finalidad prospectiva de ver más allá de las montañas, cuando el enemigo de lo cuadrado venga a cumplir su cometido: 1+1=2 o la familia es la célula de la sociedad, debe responder. Como atalaya, el docente vive de una vigilancia continua que no busca saber hacer sino saber ser, a través de la construcción de sentidos que involucren la interdependencia de todos los miembros de esa batalla que llamamos aprender.
                      Existe un compromiso claro en la educación, que se ha madurado en la historia de la humanidad. Unos han condenado la visión intelectual, otros la pragmática o simplemente la afectiva, pero el compromiso contemporáneo no puede reducir al ser humano, por el contrario debe hacerlo capaz de responder a las situaciones presentes con conocimiento, transformación, comunicación y personalidad. Si todo cambia, yo cambio; si yo no cambio, todo sigue cambiando. Así, el docente es una atalaya puesta para responder primero él/ella ante ese proceso y permitir que los que están relacionados a su ser-para-otros puedan vivir y no cumplir, buscar y no encontrar: dignidad. Con las relaciones necesarias, el intercambio  interactivo permanente, viviendo con individualidades sociales y haciendo de la educación una realidad significativa, útil e insertándola en el entorno de cada participante, puesto que el cambio social se da a través de los contextos educativos, el docente podrá ofrecer una autentica experiencia que genere actualidad…
                      Las naciones marchan hacia el término de su grandeza, con el mismo paso con que camina la educación. Ellas vuelan, si ésta vuela, retrogradan, si retrograda, se precipitan y hunden en la oscuridad si se corrompe o absolutamente se abandona” (Bolívar, 1825).

      ¡Vive y deja vivir! No; mejor, ¡Vive y transmite vida!
               

*        Consulta (fuera de la entregada para la asignación):

- Arizmendi, Octavio. Así Pensaba Bolívar (2000). Planeta, Bogotá.
- Consejo Moral Repúblicano. Valores Ciudadanos (2011). G.E. Published, Caracas.
- Enciclopedia Católica Mercabá en CD-ROM, 2009.



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