martes, 6 de octubre de 2015

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Pastoral

Programación pastoral
DPE

 
SUMARIO: 1. Punto de partida. - 2. ¿Por qué es necesario programar? - 3. Hacia una definición de programación. - 4. Concretando aún más: ¿Qué instancias se ven implicadas en una programación? - 5. ¿Qué implica una recta programación? - 6. Criterios básicos para programar.


1. Punto de partida


La programación pastoral es un termómetro para valorar el talante pastoral de una parroquia, de un arciprestazgo, de un movimiento, de una comunidad, e incluso de una Diócesis.
La programación es una herramienta, "un proyecto evangelizador de futuro, en el que se fijan y coordinan objetivos y acciones"; es un ejercicio necesario de prospección para prever el futuro de nuestra Iglesia (favoreciendo la acción del Espíritu Santo).
2. ¿Por qué es necesario programar?
- Para hacer posible la Iglesia de comunión y corresponsabilidad. "Dime cómo programas y te diré qué modelo de Iglesia estás haciendo".
- Desclericalizar la Iglesia y evitar "personalismos" o "reinos particulares".
- Para abrirnos a otras personas y comunidades.
- Reconocer y potenciar los carismas del Espíritu.
- Coordinar fuerzas para evangelizar en una sociedad que ya no piensa en cristiano, ya no siente en cristiano, ni actúa en cristiano.
- Potenciar los equipos de trabajo y vida.
- Crear mentalidad de Iglesia diocesana y de pastoral de conjunto.
- Es un signo de los tiempos: se programan las personas en un proyecto de vida, las familias, las empresas, los partidos, la sociedad...
-  Es la forma de ser efectivos y honrados, de respetarnos como personas y respetar a los demás, y de potenciar una colaboración seria y generosa.
- Es copiar la "pedagogía de Dios", que también ha "programado" su historia de Salvación: Creación, Antiguo Testamento, Nuevo Testamento...
- Sólo la comunidad que programa:
  • sabe lo que es,
  • sabe dónde está,
  • sabe dónde quiere ir,
  • sabe cómo seguir caminando,
  • es consciente de sus límites y virtudes,
  • se sabe lo penúltimo, al servicio y como mediación del Espíritu Santo y de los hombres.
Gracias a la programación se equilibran las cuatro dimensiones que hacen una Iglesia particular: Comunión, Liturgia, Evangelización, Diakonía.
Gracias a la programación se equilibran también las cuatro dimensiones para un sano crecimiento de las personas y comunidades:
- Inserción eclesial (vivencia comunitaria).
- Anuncio del Evangelio (descubrimiento del mensaje).
- Personalización de la fe (conversión).
- Compromiso eclesial y social (vivencia de carismas y ministerios).
La programación es necesaria, al menos por estas razones:
  • Honestidad: ni me puedo quemar, ni debo quemar a los demás o jugar con ellos. Programar es creer en los demás y en sus cualidades y valores.
  • Modelo de Iglesia: Dime cómo programas y te diré en qué Iglesia crees.
  • Termómetro para determinar la vitalidad de una comunidad: son imprescindibles los consejos.
  • Obediencia al Espíritu Santo: "Si el Espíritu dicen que es una paloma, necesita al menos pistas de aterrizaje".
El espíritu teologal de la programación es éste: "Forma parte de la caridad hecha amor y servicio creativo, discernido, metódico y eficaz".
No es lo mismo planificación que programación. La planificación es la determinación de los grandes valores. La programación, la concreción de esos mismos valores, aquí y ahora.
Es necesario programar porque es necesario soñar. Dios ha colocado siempre a sus amigos ante utopías imposibles (Abraham, Moisés, Profetas, Pablo...).
La programación es la obediencia a la verdad (1 Pe 1,22). La no dispersión de energías porque tenemos pocas y necesitamos concentrarlas en el único posible (es la definición de paciencia que da Tomás de Aquino). Programar es realizar el hoy de Dios, liberándonos de la esclavitud del pasado y de la opresión del presente, abriendo futuro.
3. Hacia una definición de programación
Una primera definición funcional de programación sería ésta:
Determinar el mejor camino desde el dónde estamos y hacia dónde queremos llegar, teniendo en cuenta: a) los condicionantes y las circunstancias del punto de partida (recursos, obstáculos, potencialidades) y b) las exigencias del ideal.
Existen dos modelos complementarios de programación:
  1. De demandas y necesidades (se parte de la realidad).
  2. De prospectivas (se parte del ideal que se quiere conseguir).
Desde lo afirmado, se pueden ya, ofrecer dos definiciones de programación:
  1. Selección de objetivos y acciones dosificados, progresivos, coordinados y evaluados que hacen que la Iglesia particular (o parroquia o arciprestazgo) sea lo que tenga que ser y dé respuesta evangelizadora en cada momento histórico, implicando a todos los agentes de pastoral y comunidades.
  2. Proceso orgánico de comunión eclesial que lleva a la Iglesia particular a buscar los objetivos y acciones y a potenciar los recursos humanos y materiales más adecuados en orden a hacer posible la comunión intraeclesial y la evangelización del entorno social en el que vive.
Insistimos: con la programación se quiere evitar una comunidad piramidal o sólo de sectores, o sólo de grupos con cierta relación de afinidad y relación entre ellos, o sólo de comunidades independientes, y hacer posible una comunidad de comunidades corresponsable y evangelizadora.
Toda programación debe responder a estas preguntas: por qué (objetivos): situación necesidades, ideario, objetivos acciones anteriores; qué (acciones); cómo (medios): recursos y actividades; cuándo (tiempos); dónde y para quién (lugar y destinatarios); quiénes (responsables).
En toda programación se dan "niveles" o instancias: todo el pueblo de Dios; parroquias e institutos; movimientos y comunidades de base; sectores: compromiso, comunión, liturgia, kerigma.
¿Qué agentes deben programar? -Todos, en diversos estamentos y comunidades de referencia.
¿Qué pasos se dan en una programación? -Revisión de lo andado y análisis de la situación; elaboración técnica de objetivos y acciones; comunicación a todo el pueblo; realización; revisión.
¿Cuáles son las exigencias de toda programación? -Que mejore el punto de partida (que sea alternativa); que responda a lo que viene de la realidad (signos de los tiempos) "no se puede remar contra los signos de los tiempos": libertad, dignidad, igualdad, corresponsabilidad, participación, etc.; que parta de las comunidades parroquiales y arciprestales. Se definen como ámbito en el que la totalidad de la oferta de salvación se encuentra con la cotidianeidad de la vida de todos los hombres. Siempre abiertos a lo diocesano.
En resumen, con la programación se quieren evitar los vicios del individualismo y personalismo, del ir por libre o como francotiradores, de la improvisación o de la rutina. Se busca desarrollar la comunión, la corresponsabilidad, el compromiso que implique a todos, el saber trabajar con constancia y paciencia, el trabajo en equipo, la ayuda y la fraternidad.
4. Concretando aún más: ¿Qué instancias se ven implicadas en una programación?
La parroquia, arciprestazgo, organismos diocesanos y la propia diócesis.
La parroquia como unidad primaria de atención y acción pastoral.
El arciprestazgo como unidad básica de atención y acción pastoral de conjunto.
Las delegaciones diocesanas, como entidades diocesanas de apoyo a las comunidades parroquiales y a los arciprestazgos.
Toda la diócesis, a través de los planes diocesanos de pastoral, propuestos principalmente por el Consejo Pastoral Diocesano y sancionados por el ordinario.
Y, tanto en las parroquias, como en los arciprestazgos, como en la diócesis, cobran protagonismo especial los consejos de pastoral. Advertimos de un círculo vicioso: no se cree en la programación porque no se cree en los consejos; donde hay consejos, es necesario y obligado programar.
5. ¿Qué implica una recta programación?
Una acertada programación implica:
  • Clara conciencia eclesial diocesana.
  • Valentía profética: no se programa sólo desde lo que hay (punto de partida) sino para y hacia dónde se quiere llegar (punto de llegada).
  • Realismo (se parte de necesidades sentidas).
  • Totalidad: Todos implicados y todos necesarios.
  • Flexibilidad y metodología realista: No todo de golpe, por etapas.
  • Renovación en los agentes de pastoral: de mentalidad, de sensibilidad comunitaria, de seriedad en el trabajo y capacidad de autocrítica y revisión, de coordinación incansable, de humor-amor-paciencia.
  • Es un ejercicio de participación y responsabilidad.
6. Criterios básicos para programar
1. Análisis de realidad y selección de objetivos: Pocos y que sean fundamentales y englobantes. Desde la revisión de los anteriores. Desde aquello a lo que se quiere dar prioridad. De acuerdo al Evangelio y a lo que la Iglesia pide hoy. Conociendo la realidad eclesial y social (necesidades sentidas). Atendiendo esas demandas en las cuatro dimensiones de la Iglesia. Potenciando nuevas ofertas, particularmente a los más alejados.
2. En la selección de acciones: Pocas y derivadas de los objetivos. Que sean realizables y no sólo utópicas o como declaración de buenas intenciones. Sentidas, entendidas y asumidas por los interesados.
3. En la forma de llevarse adelante: fijar muy bien los destinatarios, los medios, los responsables, los tiempos, la revisión (evaluación).
4. En la evaluación: criterio realista: una cosa es lo que se quiere; otra, lo que es; y otra, lo que se puede hacer. Criterio eclesial: de fidelidad al Espíritu y a la Iglesia. Criterio de continuidad: lejos de desanimarnos, debe estimularnos a seguir caminando.
5. Hacer un informe periódico por escrito. Para sacar al menos esta conclusión: "Hemos hecho poco, pero merece la pena volver a intentarlo y seguir en esta línea".
En orden a una pastoral de conjunto diocesana, lo anteriormente expuesto es urgente, en las dimensiones que abarca, para los arciprestazgos. Que no se conciben, como queda dicho, como un ente superior o superpuesto a la Parroquia, sino como la continuidad natural de la misma, para potenciar sus diversas dimensiones.
Desde el Derecho Canónico se pide, e insistimos en ello, que el arciprestazgo fomente y coordine acciones comunes y facilite la tarea pastoral de las parroquias.
Para no quedarnos en declaraciones de buenas intenciones, es muy importante, insistimos en ello, la creación y buen funcionamiento de los consejos parroquiales y del Consejo Arciprestal.


BIBL. — R. BERZOSA MARTÍNEZ, Para comprender y vivir la Iglesia Diocesana, Burgos 1998.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Liderazgo

Las cualidades del líder auténtico


D. Alfonso López Quintás
Universidad Complutense

Al hablar aquí de líderes no me refiero sólo a personas capaces de realizar una actividad directiva en una u otra asociación. Mi intención es de más largo alcance: aludo a personas que orientan su existencia hacia el ideal auténtico de la vida humana, que es el ideal de la unidad y el servicio, no el del dominio y la posesión. Según la investigación actual más cualificada, el ideal de la unidad viene exigido por nuestra misma condición de personas. Por eso, la primera medida del verdadero líder es ajustar sus actitudes a las exigencias de la realidad.

Esto implica la superación del relativismo subjetivista -según el cual "el hombre es la medida de todas las cosas", según la expresión sofista- y un amor incondicional y desinteresado a la verdad, al modo de ser de las realidades tal como se manifiestan a una mirada libre de prejuicios. El buen líder busca la verdad hasta el fin, pues no se contenta con medias verdades.

Ese amor a la verdad -vista como la patentización de la realidad que nos permite realizarnos- nos lleva a sentir una profunda insatisfacción ante cuanto signifique deterioro de la vida humana y, consiguientemente, de la propia realidad personal. Pensemos en la decadencia cultural, el declive de la sabiduría, la insensibilidad ante los grandes valores, la inautenticidad en todos los órdenes... Al confrontar la diferencia abismal que media entre una persona cabalmente desarrollada y otra envilecida, sentimos la urgencia de formarnos como líderes para elevar a las gentes a un estado de excelencia.

De ahí que mi propósito primario no sea explicar técnicas de liderazgo, sino destacar las actitudes espirituales que debe adoptar quien aspire a ejercer la función de guía hacia el Humanismo de la unidad. El ejercicio de tal función exige una serie de cualidades y actitudes que debemos conocer en pormenor para distinguir netamente la actividad del líder verdadero de la del falso. Este procura adquirir una figura atractiva con objeto de seducir a las gentes y lograr su adhesión. El que saca partido a esa imagen seductora para vencer al pueblo sin molestarse en convencerlo con razones sólidas se mueve en el plano de la mera apariencia, de la manipulación efectista, y opera en atención a su bien particular, no al bien de los demás. No merece el nombre de líder o guía, pues se mueve exclusivamente en el nivel 1, el propio de las actitudes egoístas que arrastran a las experiencias de vértigo.
1. Líderes verdaderos y líderes falsos


Autor: D. Alfonso López Quintás, Universidad Complutense

Cabe distinguir clases diversas de líderes en función de la actividad que ejercen, la preparación que tienen, la tendencia a defender la verdad o a propalar la falsedad, la meta que persiguen... Una persona puede ejercer funciones de líder en ámbitos diferentes -el familiar, el grupal, el nacional, el internacional...- y respecto a vertientes de la vida distintas: la económica, la artística, la política, la ética, la educativa, la religiosa...

·  Existe el líder político, que presenta un programa de acción, recluta adeptos y aspira al poder con el fin de modelar la sociedad de la forma que juzga más adecuada.
·  Un profesor está llamado también a ejercer un modo peculiar de liderazgo, ya que por vocación y profesión debe orientar a niños y jóvenes a descubrir las leyes de la vida personal, que son las normas que rigen los procesos creativos.
·  De modo análogo, deben ser líderes un sacerdote, un escritor, un padre de familia...
·  Quienes configuran la opinión pública a través del arte, la literatura, el pensamiento, los medios de comunicación social... pueden y deben ejercer función de líderes.


En sentido estricto, se entiende por líderes las personas bien dotadas que conocen profundamente la vida humana -vista como un nudo de relaciones- y saben ofrecer a los demás claves certeras de interpretación de la misma. Merced a tal orientación, otras personas menos formadas pueden desempeñar el papel de guías respecto a las personas y grupos de su entorno.

Aún sin contar con la preparación intelectual y las posibilidades de comunicación de los grandes líderes, multitud de personas sencillas se hallan en disposición de fundar a su alrededor, con su ejemplo y su palabra, un clima propicio al desarrollo de los seres humanos y al fomento del auténtico progreso. Con frecuencia, personas consideradas como
líderes sociales se autodenominan "progresistas" al tiempo que entorpecen la marcha de los pueblos hacia su plenitud. Innumerables personas del pueblo se niegan, de forma tácita, a aceptar ese concepto de "progreso" y continúan configurando la vida diaria mediante una conducta regulada por valores elevados. Su experiencia cotidiana, inspirada en el buen sentido y en criterios morales y religiosos recibidos de sus mayores, les permite ver que el hombre progresa de veras cuando se ajusta a las exigencias de su propia realidad personal. Con su conducta callada, su voluntad de servicio y su actitud acogedora, estas personas sensatas pueden guiar eficazmente a otras hacia el Humanismo de la unidad y contribuir, así, a configurar la nueva época que autores eminentes nos están invitando a crear.

Muy a menudo, los líderes políticos dedican serios esfuerzos a cultivar su "imagen" con el fin de ser considerados como "carismáticos". Olvidan que el único carisma auténtico de un político consiste en ofrecer confianza. Y ésta es suscitada por la eficacia, la coherencia, la veracidad. El que se limita a aderezar su imagen para ejercer el arte de seducir al pueblo no es un líder auténtico; es, más bien, un embaucador, pues exalta a las gentes al tiempo que las somete a toda suerte de servidumbres espirituales.

Líder auténtico es el guía que orienta a alguien hacia lo que constituye un bien para su vida. Puede ser un bien parcial -de tipo económico, cultural, deportivo...-, o un bien que afecta al conjunto de su persona. El máximo bien de un ser humano es el desarrollo pleno de su personalidad.

Líder falso es el guía que conduce a las personas por vías que reducen su dignidad, amenguan sus defensas y las dejan a merced de los afanosos de poder. Esta actividad envilecedora puede afectar a ciertos aspectos concretos de la vida -económico, político, cultural...- o bien a lo esencial de la misma, a su sentido más hondo.

El líder verdadero promueve el poder creativo de las personas y contribuye, de este modo, a que se unan entre sí mediante la creación de estructuras fecundas. El líder falso procura restar capacidad creativa a las gentes, a fin de que pierdan libertad interior, por no ser capaces de interiorizar el deber, es decir, convertir en íntimas las normas que les vienen sugeridas de fuera. Esa falta de creatividad las lleva a depender de instancias externas y ajenas. Tal dependencia las gregariza y masifica.

He aquí una clave de interpretación de la vida humana: Cuando la actividad de un dirigente torna gregario al pueblo, estamos ante un líder falso. El guía verdadero otorga a las personas que lidera poder de discernimiento y de iniciativa, capacidad de ser autónomas y solidarias al mismo tiempo.

Se subraya, con frecuencia, la obligación que tenemos los ciudadanos de tomar iniciativas en la configuración de la vida comunitaria, pero apenas se destaca que el pueblo se convierte fácilmente en masa amorfa si no cuenta con guías bien intencionados que le ayuden a descubrir el ideal verdadero y dar, de este modo, impulso y sentido a su vida.

Si, por ejemplo, un profesional de los medios de comunicación moviliza el poder de que dispone con el fin exclusivo de aumentar la audiencia e incrementar sus beneficios, corre peligro de no cuidar la calidad de los productos que ofrece y convertirse en un antilíder. Líder auténtico no es sencillamente el que tiene capacidad de guiar a las gentes, sino el que las conduce a su pleno desarrollo, que constituye su bien, su auténtica meta. El ilusionista que tergiversa los conceptos y los vocablos para llevar a las personas a su particular molino ideológico priva a éstas de la capacidad de pensar con precisión y elegir lúcida y libremente el verdadero camino de su plenitud personal.

lunes, 13 de abril de 2015

El Docente es una Atalaya

El Docente es una Atalaya
P. Javier Dorante Leal

                Cuando se habla del docente se estructura una serie de exigencias externas que componen el ser social del mismo, en medio de una realidad que varía pero que sus funciones permanecen intactas, como el marco de una noble pintura. Se desea una formación integral, perfecta y pujante, de ciudadanos nobles pero con pobreza, visual pero sin inversión y permanente pero sin proyecto de futuro; todo eso, hace que el docente sea exigido más allá de  sus límites prácticos y se olvidan aspectos esenciales de todo ser humano: él y ella son ante todo, pertenecientes a este grupo. Por ello, se ve laudablemente que todos los ciudadanos deben asumir desde ética individual y colectiva su rol protagónico en la construcción de nuestro país donde esté plenamente garantizado el fortalecimiento de la educación ciudadana (Marcano, 2011).
                El docente es sujeto, persona… que despierta el interés por aprender, cómo hacerlo y mantener el deseo de lo que se aprende; semejante tarea, hacen de nuestro personaje un ser calificable en todos los estratos del conocimiento humano, puesto que no se trata sólo de adquirir ciencia sino de valorar e involucrarse en todos los campos y darle sentido a muchos de ellos, desde una visión holística y al mismo tiempo contemporánea, ya que vivimos en una sociedad cambiante y cambiadora en momentos imposibles de cronometrar en programas o calendarios; esta sociedad tecnológica va en auge y está presente en todas las situaciones, y las que no estén en ella, simplemente no existen funcionalmente. En otras palabras, la formación permanente deberá garantizar el fortalecimiento de una sociedad crítica, reflexiva y participativa en el desarrollo y transformación social que exige el país (LOE, 38). Este cambio exige que todos vivan al margen del conformismo y de la quietud, sean capaces de automotivarse, abran su vida a la creatividad y sobre todo acepten y se adapten a los cambios que van –siempre- a propiciar nuevas experiencias en el contexto del crecimiento. El que no cae jamás aprenderá a caminar.
                Ahora bien, el docente actual no se estereotipa ni cumple funciones para ser competente. Un sujeto tan importante en la educación actual, no puede limitarse a cumplir, tiene que actuar en comunión con requerimientos, pero adaptándolos y haciéndolos pasar por su propia experiencia, una que debe estar cargada de credibilidad, práctica cultural, animación, garantía permanente de la ley, organización, intelectualidad… sin convicción de libertad no habrá educación liberadora, sin principios éticos no hay autonomía ni mucho menos formación.
                El maestro en siglos precedentes era todo, pero ahora es casi nada. De un extremo a otro. El docente es como una atalaya, un puesto de guerra contra la desidia y la pereza mental/experiencial, siempre a la expectativa para inyectar creatividad, no duerme en su finalidad prospectiva de ver más allá de las montañas, cuando el enemigo de lo cuadrado venga a cumplir su cometido: 1+1=2 o la familia es la célula de la sociedad, debe responder. Como atalaya, el docente vive de una vigilancia continua que no busca saber hacer sino saber ser, a través de la construcción de sentidos que involucren la interdependencia de todos los miembros de esa batalla que llamamos aprender.
                      Existe un compromiso claro en la educación, que se ha madurado en la historia de la humanidad. Unos han condenado la visión intelectual, otros la pragmática o simplemente la afectiva, pero el compromiso contemporáneo no puede reducir al ser humano, por el contrario debe hacerlo capaz de responder a las situaciones presentes con conocimiento, transformación, comunicación y personalidad. Si todo cambia, yo cambio; si yo no cambio, todo sigue cambiando. Así, el docente es una atalaya puesta para responder primero él/ella ante ese proceso y permitir que los que están relacionados a su ser-para-otros puedan vivir y no cumplir, buscar y no encontrar: dignidad. Con las relaciones necesarias, el intercambio  interactivo permanente, viviendo con individualidades sociales y haciendo de la educación una realidad significativa, útil e insertándola en el entorno de cada participante, puesto que el cambio social se da a través de los contextos educativos, el docente podrá ofrecer una autentica experiencia que genere actualidad…
                      Las naciones marchan hacia el término de su grandeza, con el mismo paso con que camina la educación. Ellas vuelan, si ésta vuela, retrogradan, si retrograda, se precipitan y hunden en la oscuridad si se corrompe o absolutamente se abandona” (Bolívar, 1825).

      ¡Vive y deja vivir! No; mejor, ¡Vive y transmite vida!
               

*        Consulta (fuera de la entregada para la asignación):

- Arizmendi, Octavio. Así Pensaba Bolívar (2000). Planeta, Bogotá.
- Consejo Moral Repúblicano. Valores Ciudadanos (2011). G.E. Published, Caracas.
- Enciclopedia Católica Mercabá en CD-ROM, 2009.